Por, Angelica Hernandez
El humor dominicano revive la tradición de Freddy y Cuquín: hoy imitadores como Raymond y Miguel parodian a presidentes, ministros y figuras públicas.
El humor dominicano no perdona. En República Dominicana, la sátira política y social vuelve a ocupar el centro del entretenimiento, recordando la época dorada de grandes comediantes que hicieron historia imitando a presidentes y figuras públicas.
Hoy, una nueva generación retoma esa tradición sin dejar “títere con cabeza”.
De Freddy y Cuquín a la nueva generación
Durante décadas, el humor político tuvo como referentes a figuras como Freddy Beras-Goico y Cuquín Victoria.
Cuquín se hizo popular por sus imitaciones del entonces presidente Joaquín Balaguer, marcando una etapa donde la sátira formaba parte del debate público.
La tradición continúa
En la actualidad, humoristas como Raymond Pozo y Miguel Céspedes mantienen viva esa línea crítica.
Sus personajes y parodias incluyen interpretaciones inspiradas en figuras mediáticas y políticas contemporáneas.
Entre los casos más comentados están representaciones humorísticas de personalidades como Santiago Matías, conocido como “Alofoke”, y la comunicadora Margarita Cedeño, figuras que suelen estar en el centro del debate público.
¿Por qué conecta tanto este tipo de humor?
La sátira permite a la audiencia procesar la actualidad política y social desde el entretenimiento.
El humor dominicano no perdona porque históricamente ha servido como herramienta de crítica y expresión popular.
Impacto en redes y televisión
Con el auge de las plataformas digitales, estas imitaciones alcanzan mayor difusión.
Los clips se viralizan rápidamente y generan conversación en redes sociales, ampliando el alcance más allá de la televisión tradicional.