Por: Yahaira Sanchez
La ratificación de la sentencia del caso Senasa es un paso importante, pero la sociedad espera más acciones firmes y coherentes contra la corrupción.
Una sentencia que no puede pasar inadvertida
La ratificación de la sentencia contra los diez implicados en el caso Senasa, por parte de la Corte de Apelación del Distrito Nacional, representa un hecho relevante para la vida institucional del país.
No se trata solo de un fallo judicial. Se trata de una confirmación de que el sistema puede sostener sus decisiones cuando hay voluntad y pruebas suficientes.
Reconocer avances sin caer en complacencias
Como directora de este periódico, reconozco que la confirmación de la condena envía un mensaje positivo. La justicia que se revisa y se mantiene fortalece la confianza pública.
Sin embargo, no es momento de complacencias. El país ha visto demasiados procesos quedarse a mitad de camino como para conformarse únicamente con una ratificación.
La expectativa ante una nueva fase del caso
Las declaraciones del director de Persecución del Ministerio Público, Wilson Camacho, anunciando que la versión dos del caso Senasa será conocida próximamente, generan expectativas legítimas.
Pero también imponen una responsabilidad mayor. Cada anuncio debe venir acompañado de resultados concretos, tiempos claros y acciones visibles.
La justicia debe ser coherente y sostenida
La lucha contra la corrupción no puede depender de momentos ni de titulares. Debe ser constante, coherente y libre de selectividad.
Cuando la justicia avanza solo por etapas aisladas, el mensaje pierde fuerza. Y cuando se demora demasiado, la credibilidad se resiente.
El país observa y espera respuestas
El caso Senasa debe marcar un punto de inflexión. No solo por lo ya decidido, sino por lo que aún falta por hacer.
La ciudadanía observa con atención. Y cuando el país observa, las instituciones están obligadas a responder con hechos, no solo con palabras.
La justicia, para ser verdadera, debe ser firme.
Pero también completa.