Nicaragua, presos y realismo geopolítico

Analizo en primera persona la reciente liberación de presos políticos en Nicaragua y su vínculo con la dinámica regional tras la captura de Maduro.

Managua

La noticia de que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo liberó a decenas de presos políticos —oficialmente bajo el argumento de conmemorar aniversarios del poder sandinista— no puede leerse de forma aislada.

Aunque en Managua presentan esta decisión como un gesto propio del poder, el contexto regional sugiere que hay más de fondo: esto ocurre en un momento de tensión geopolítica en América Latina, después de la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.

Un gesto oportuno en clave regional

La liberación de “decenas” de detenidos —varios de ellos identificados como presos políticos por organizaciones de derechos humanos— coincide con un cambio de escenario tras los eventos en Caracas el 3 enero.

No es casualidad.
En política, los gestos suelen calibrarse según las presiones externas, y la presión de Estados Unidos fue explícita: Washington exigió la liberación total e incondicional de todos los presos políticos en Nicaragua, incluso criticando las nuevas detenciones por expresiones en redes sociales.

Entre liberaciones y arrestos: la contradicción de Managua

Lo que llama poderosamente la atención es la dualidad de acciones del régimen: por un lado excarcela a algunos opositores, y por otro mantiene o incluso amplía la persecución de quienes simplemente celebraron en redes sociales la captura de Maduro, según informes de ONG especializadas.

Esta contradicción no es trivial.
Responde a una lógica típica de autoridades autocráticas: mostrar concesiones controladas para aliviar presión externa, mientras se preserva internamente el control político y social.

Geopolítica del bloque bolivariano en desorden

El impacto de la captura de Maduro no se limita a Venezuela.
Hasta ahora, Ortega y Murillo —aliados históricos de Caracas— compartían con Cuba y Venezuela lo que algunos analistas denominan bloque bolivariano: una red de regímenes que operaba con intereses comunes frente a Washington. El revés en Caracas ha sacudido ese equilibrio simbólico y estratégico, dejando al régimen nicaragüense en una posición de recalibración.

Este reajuste obliga al gobierno de Managua a enviar señales mixtas: a su base interna, reafirmar el control; al exterior, mostrar gestión de “paz” y “diálogo”. Pero ambos mensajes están en tensión.

¿Realismo o simple supervivencia política?

En mi opinión, lo ocurrido en Nicaragua no debe simplificarse como un acto de buena voluntad.
La liberación parcial de presos políticos está ocurriendo bajo presión internacional evidente y en un momento en que el régimen busca amortiguar el impacto de sanciones, aislamiento y deterioro de su legitimidad.

En una región donde cada movimiento está cargado de significados geoestratégicos, la política interna de Managua es, también, un modo de responder a la dinámica hemisférica.

Conclusión: más que política interior

Este episodio nicaragüense debe leerse como parte de un mapa geopolítico mayor, donde las decisiones domésticas responden a interacciones complejas entre aliados y adversarios.

No es solo libertad o represión.
Es la manifestación de una autocracia que negocia su supervivencia en un entorno global cambiante, que observa lo que ocurre en Venezuela y calcula sus próximos pasos en función de su propia estabilidad.

Y en ese cálculo, la liberación de presos políticos puede no ser un acto de justicia, sino una jugada estratégica en un tablero donde cada pieza pesa más allá de sus fronteras.

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