Apagones prolongados golpean a familias, pequeños negocios y comerciantes, mientras aumentan los reclamos y las protestas en distintos puntos del país.
Los apagones se han convertido en el pan nuestro de cada día para miles de dominicanos. Una situación que, lejos de ser un simple inconveniente, viene provocando malestar, pérdidas económicas y desesperación en distintos sectores del territorio nacional.
El problema se siente con mayor fuerza en los pequeños negocios de los barrios.
Colmados, cafeterías, salones de belleza, talleres y otros emprendimientos dependen de la electricidad para trabajar, conservar sus productos y generar los ingresos con los que muchas familias logran sobrevivir.
Pero detrás de cada apagón también existen historias humanas que pocas veces aparecen en las estadísticas.
Está, por ejemplo, aquella madre desempleada que intenta sobrevivir vendiendo helados a los niños de su sector.
Compra los productos con el poco dinero que tiene, los coloca en su nevera y espera que durante el día pueda venderlos para llevar algo de dinero a su hogar.
¿Qué ocurre cuando llega un apagón prolongado?
Los helados se derriten.
La mercancía se pierde.
Y con ella se pierde también una parte del dinero que esa madre necesitaba para sobrevivir.
Ese es el rostro humano de los apagones.
El malestar comienza a convertirse en protesta
Los reclamos comunitarios han ido apareciendo en diferentes puntos del país.
En Nagua, organizaciones sociales, comunitarias, sindicales y empresariales realizaron el 5 de agosto un encendido de velas frente a las oficinas de Edenorte y Protecom para protestar por las interrupciones que calificaron de constantes y prolongadas.
En Barahona, residentes también han expresado su preocupación por apagones prolongados. Comerciantes denunciaron pérdidas económicas debido a productos que necesitan refrigeración y advirtieron sobre las dificultades que enfrentan sus negocios.
En Vicente Noble, residentes de Las Auyamas denunciaron más de 24 horas sin electricidad y señalaron que la situación estaba afectando tanto a familias como a comerciantes, especialmente a negocios con productos refrigerados.
Mientras tanto, en Cancino Adentro, Santo Domingo Este, residentes denunciaron interrupciones de entre 15 y 24 horas diarias durante una situación agravada por altas temperaturas y un incendio próximo al antiguo vertedero. Uno de los residentes, Domingo Mariano, relató que el suministro fue interrumpido desde las 7:00 de la mañana hasta las 11:00 de la noche en una de esas jornadas.
No son solamente números.
Son familias esperando que regrese la luz.
Son comerciantes mirando cómo se pierde una mercancía que compraron con sacrificio.
Son pequeños emprendedores que no pueden trabajar.
Y son madres que pueden perder, en unas horas, el producto que tenían destinado a convertirse en el ingreso de ese día.
No todos los apagones tienen necesariamente la misma causa
La investigación OSINT también muestra que no todas las interrupciones pueden atribuirse automáticamente a una misma razón.
Edenorte mantiene publicados programas de mantenimiento para agosto de 2026, con interrupciones anunciadas para realizar poda preventiva, trabajos en postes, aisladores, conductores, mantenimiento de redes, desarrollo de obras e interconexiones.
Edesur, por su parte, también publica interrupciones programadas en diferentes provincias y sectores. Para la semana del 15 al 21 de agosto aparecen trabajos programados en zonas del Distrito Nacional, Santo Domingo, Azua, Bahoruco, Barahona, Peravia, San Cristóbal, San José de Ocoa y otras demarcaciones.
Pero existe una diferencia importante entre un mantenimiento previamente anunciado y un apagón prolongado que toma por sorpresa a una comunidad.
Esa diferencia merece ser investigada.
Las distribuidoras también señalan otros problemas
Edesur ha advertido que las conexiones ilegales y la manipulación de instalaciones pueden provocar cortocircuitos y afectar el suministro de comunidades completas.
La empresa informó el 13 de agosto que unas 60 viviendas del Distrito Nacional resultaron afectadas después de un incendio del cableado relacionado, según la distribuidora, con conexiones directas y manipulación de módulos prepago.
Días antes, Edesur también informó sobre el desmantelamiento de conexiones ilegales en una torre del Distrito Nacional y la detención de cinco personas para fines de investigación.
Esto demuestra que el problema eléctrico tiene diferentes componentes y que sería irresponsable atribuir todos los apagones a una sola causa sin revisar cada circuito, cada avería y cada interrupción.
Una investigación que debe mirar circuito por circuito
Desde una perspectiva de investigación OSINT y HUMINT, el desafío es pasar de la percepción general a los datos verificables.
El propio portal de circuitos de la CDEEE permite consultar interrupciones programadas y ejecutadas, duración y causas reportadas en determinados circuitos. En uno de los registros consultados aparecen interrupciones ejecutadas superiores a las programadas y eventos registrados como disparos desconocidos.
Ese tipo de información resulta fundamental.
Porque la pregunta ya no debe ser únicamente:
¿Por qué se va la luz?
La pregunta debe ser:
¿Cuántas horas permanece sin electricidad cada circuito, cuántas interrupciones registra, cuál fue la causa reportada y cuánto tiempo tarda en restablecerse el servicio?
También hay que escuchar a quienes sufren directamente el problema.
Los testimonios publicados de residentes y comerciantes constituyen una primera capa HUMINT pública que permite identificar patrones y zonas que merecen una investigación más profunda.
El costo que no aparece en la factura
Hay pérdidas que difícilmente aparecen reflejadas en una estadística oficial.
Un pequeño colmado puede perder alimentos.
Una madre puede perder los helados que compró para vender.
Un peluquero puede pasar horas sin poder trabajar.
Un taller puede detener sus operaciones.
Una familia puede tener que comprar hielo para conservar alimentos.
Y un comerciante puede terminar pagando nuevamente por una mercancía que ya había comprado.
Ese costo también forma parte de la crisis eléctrica.
Por eso, cuando se habla de apagones, no basta con contar las horas sin electricidad.
También habría que contar cuánto dinero pierde la gente cuando la electricidad desaparece.
El problema exige respuestas
La población dominicana no solamente necesita saber cuándo regresará la electricidad.
También necesita conocer las causas.
Necesita saber si se trata de mantenimiento, averías, problemas de infraestructura, conexiones ilegales, sobrecarga, transmisión, distribución u otros factores.
Y necesita respuestas cuando un apagón que debía durar unas horas termina convirtiéndose en una jornada completa sin servicio.
Las protestas que aparecen en distintos puntos del país son una señal de que el malestar está creciendo.
Y detrás de esas protestas hay algo más profundo que una simple inconformidad.
Hay personas intentando trabajar.
Hay familias intentando conservar sus alimentos.
Hay pequeños negocios intentando sobrevivir.
Y hay madres que, como aquella que guarda helados en su nevera para venderlos a los niños del barrio, no están pidiendo privilegios.
Están intentando ganarse la vida.
Ese es el rostro humano de los apagones en República Dominicana.