Los aliados tradicionales de Estados Unidos están intensificando sus relaciones con China, aceptando cada vez más las condiciones impuestas por Pekín, en un movimiento que refleja un reajuste estratégico del equilibrio geopolítico global.
En los últimos meses, varios países considerados socios clave de Washington han fortalecido la cooperación económica, diplomática y tecnológica con China, priorizando intereses nacionales sobre alineamientos ideológicos. Este acercamiento se produce en un contexto de desaceleración económica global, tensiones regionales y una creciente influencia china en foros internacionales.
Gobiernos de Asia, Europa y Oriente Medio han optado por mantener vínculos más pragmáticos con Pekín, incluso cuando esto implica adoptar posturas cuidadosas frente a temas sensibles como Taiwán, el mar de China Meridional o los derechos humanos. Para estos países, China representa un socio comercial esencial, una fuente de inversión y un actor clave en cadenas de suministro estratégicas.
Analistas señalan que este fenómeno no implica un abandono total de Estados Unidos, sino una diversificación de alianzas. Sin embargo, advierten que China ha sabido capitalizar este escenario ofreciendo cooperación económica sin exigir compromisos políticos explícitos, aunque sí bajo reglas definidas por su política exterior.
Desde Washington, funcionarios han expresado preocupación por la creciente disposición de sus aliados a aceptar las condiciones de Pekín, lo que podría debilitar los esfuerzos estadounidenses por contener la expansión de la influencia china. Aun así, la Casa Blanca insiste en que sus alianzas siguen siendo sólidas y basadas en valores compartidos.